La exposición que nos propone
Anton Roca supone su retorno artístico a la ciudad después
de quince años en los que ha vivido y ha trabajado fuera.
Y lo hace con un proyecto especialmente concebido para el edificio
portuario del Tinglado 2.
El título de la exposición juega con la coincidencia
fonética existente entre las palabras sóc y cos,
acentuando aquella simetría ya presente en el lugar que
los fonemas ocupan en el interior de cada palabra, como aval para
una tesis laica de la equivalencia entre ser y cuerpo. Un cuerpo
que no es únicamente el conjunto de las partes materiales
que lo componen sino que es también el receptáculo
de su dimensión mental-espiritual. Es decir, el ser.