Las fotografías de
Moira Antonello son el resultado de una performance. Aquí,
la exaltación de un detalle corporal arrancado de su contexto,
transforma en ambiguo el gesto que retrata. En las fotografías
de Antonello la ausencia de una codificación similar desestima
toda interpretación concreta. Así, los gestos se
debaten entre el erotismo y la vulgaridad, entre el reconocimiento
y lo grotesco.
Inadvertidamente, la artista nos posiciona frente a una paradoja.
El gesto, tan marcado por el encuadre, termina por anularse en
su propia exaltación. Incluso, si no fuera por algunas
referencias mínimas, se hace difícil no sólo
identificar los rostros, sino también su género
u otros datos físicos mínimos. El tamaño
de las imágenes juega un papel importante tanto en su
impacto en el espectador como en su relación casi física
con él. También en la actualización de la
paradoja, ya que a mayor tamaño es cada vez más
dificultoso el reconocimiento de los rostros y sus expresiones.
Rodrigo Alonso